Casi todos los tipos de cáncer van precedidos de congestión linfática seria y continua. Cuando el drenaje linfático es inadecuado, las células cancerosas son las primeras en manifestarse.
El sistema linfático, el cual está estrechamente vinculado al sistema inmunológico, ayuda al cuerpo a liberarse de los residuos metabólicos dañinos, de las toxinas y de los restos celulares. Todas las células se desprenden de residuos metabólicos y absorben nutrientes de una solución que les rodea, el fluido extracelular o tejido conectivo. El grado de nutrición y eficacia de las células depende de la rapidez y de la totalidad de residuos que liberen del fluido extracelular. Dado que muchos residuos no pueden pasar directamente a la sangre para su excreción, se acumulan en el fluido extracelular hasta que el sistema linfático los extrae y elimina su toxicidad. Esos desechos, potencialmente dañinos, son filtrados y neutralizados por los ganglios linfáticos, los cuales se hallan estratégicamente repartidos por el cuerpo. Una de las funciones clave del sistema linfático es la de mantener el fluido extracelular limpio de sustancias tóxicas; por ello es un sistema sumamente importante para la salud y el bienestar.
Una circulación sanguínea deficiente hace que los tejidos extracelulares se carguen excesivamente de residuos dañinos y extraños, y que, en consecuencia, hagan lo mismo los conductos y ganglios linfáticos. Cuando el flujo linfático disminuye o queda obstruido, esa materia residual dañina empieza a acumularse en el fluido extracelular. El resultado es un incremento en la densidad de ese fluido vital, lo cual impide una correcta distribución de los nutrientes a las células y ello las debilita o las daña. La mutación celular tiene lugar cuando el oxígeno transportado por la sangre ve dificultado su camino a través de las células.
La pregunta es: ¿dónde comienza la congestión linfática? Puede haber varias razones para esa congestión, pero las más importantes están relacionadas con la secreción biliar y la dieta. Las secreciones biliares retenidas en el hígado y en la vesícula debido a la acumulación de cálculos biliares, por ejemplo, socavan la capacidad del intestino delgado de digerir los alimentos adecuadamente. Eso permite que importantes cantidades de residuos y sustancias venenosas, como las cadaverinas, las putrescinas y otros resultantes de la fermentación y putrefacción de los alimentos, penetren en los conductos linfáticos del tracto intestinal. Esas toxinas, posiblemente junto con las grasas no digeridas y las proteínas, pasan a la estructura linfática mayor, llamada conducto torácico y a su base, la cisterna del quilo. La cisterna del quilo es un engrosamiento linfático (con forma de saco o pocilio) situado delante de las dos vértebras lumbares, a la altura del ombligo.
Las toxinas, antígenos y proteínas no digeridas de origen animal -pescado, carne, huevos y lácteos- dan lugar a que esos sacos linfáticos aumenten de tamaño y se inflamen. Cuando las células de un animal se dañan o mueren, lo cual ocurre segundos antes de que el animal sea sacrificado, las enzimas celulares empiezan inmediatamente a descomponer sus estructuras proteínicas. Esas proteínas denominadas «degeneradas» no sólo no sirven al cuerpo para nada sino que en realidad le resultan dañinas, a menos que el sistema linfático se deshaga de ellas de inmediato. Su presencia supone por lo general un incremento de la actividad microbiana. Parásitos, hongos y bacterias son el alimento de esos pozos residuales. En algunos casos, se dan reacciones alérgicas.
Edema Linfático
Cuando hay una congestión de la linfa en la cisterna del quilo, los desechos corporales y las proteínas celulares dañadas ya no pueden asimilarse adecuadamente, (hay que recordar que el cuerpo tiene que deshacerse diariamente de 30 billones de células viejas), entonces se produce un edema linfático. Tumbados boca arriba, podemos percibir los edemas linfáticos del cuerpo por medio del tacto o masajeando la zona del ombligo: son unos pequeños nódulos duros. A veces pueden llegar a ser grandes como puños. Algunas personas los describen como «piedras» en el estómago. Esas «piedras» pueden producir un dolor a media espalda o más abajo, así como la hinchazón del abdomen, y, de hecho, están detrás de los síntomas de muchas dolencias, entre ellas las cardiopatías y el cáncer.
Muchas personas que «echan tripita», creen que esa protuberancia abdominal es tan sólo un incordio sin importancia o que se debe a la edad. No se dan cuenta de que están alimentando una bomba de relojería que algún día puede explotar y dañar partes vitales del cuerpo. El cáncer es una de esas bombas de relojería.
El 80 % del sistema linfático está situado en los intestinos y asociado a ellos, lo cual hace de esa zona corporal el mayor centro de actividad inmunológica. No se trata de una coincidencia. Donde se combaten o se generan más agentes causantes de enfermedades es, ciertamente, en el tracto intestinal. Cualquier edema linfático, u otros tipos de obstrucción, en esa zona tan importante del sistema linfático, se debe a una sobrecarga de residuos tóxicos del intestino y puede originar’ serias complicaciones en cualquier otro sitio del cuerpo.
Donde se obstruye un conducto linfático se da también una acumulación de la linfa a distancia de la obstrucción. En consecuencia, los ganglios linfáticos situados a lo largo del conducto no pueden ya neutralizar o desintoxicar las siguientes cosas: los fagocitos vivos o muertos y los microbios que han ingerido, las células viejas, las células dañadas a causa de una enfermedad, los productos de la fermentación, los pesticidas de los alimentos, las partículas tóxicas inhaladas, las células de los tumores malignos y los millones de células cancerosas que cada individuo sano genera diariamente. La destrucción parcial de estas cosas puede ocasionar que los ganglios linfáticos se inflamen, aumenten de tamaño y se congestionen con la sangre. Además, el material infectado puede llegar al flujo sanguíneo y causar septicemias y otras enfermedades graves. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el bloqueo de la linfa sucede lentamente, sin otros síntomas más graves que una inflamación del abdomen, o de manos, brazos, pies o tobillos, o hinchazón de la cara o de los ojos. A esto se le llama con frecuencia «retención de líquidos», un precursor importante de las dolencias crónicas. Muchos pacientes de cáncer han sufrido algunos de esos síntomas mucho antes de haber sido diagnosticados de cáncer.
Una obstrucción continua de la linfa conduce frecuentemente a la mutación celular. Casi todos los cánceres son una consecuencia de la congestión de la cisterna del quilo. Finalmente, el conducto torácico, el cual va a dar a la cisterna del quilo, se sobrecarga con la afluencia constante de productos tóxicos y se obstruye también. El conducto torácico conecta con numerosos conductos linfáticos que vacían sus deshechos en la «cloaca torácica». Puesto que el conducto torácico tiene que eliminar el 85 % de los restos celulares que se originan diariamente y otros productos potencialmente muy tóxicos, su bloqueo hace que esos residuos rebosen en otras partes distantes del cuerpo.
Cuando los residuos metabólicos diarios y los restos celulares quedan atrapados en una zona del cuerpo durante un tiempo, empiezan a manifestarse los síntomas de alguna enfermedad. Los residuos bloqueados pueden finalmente llegar a ser el detonante de un crecimiento anormal de las células. A continuación, veremos unos cuantos ejemplos típicos de indicadores de dolencias motivadas por una congestión crónica y localizada de la linfa: obesidad, quistes uterinos u ováricos, engrosamiento de la próstata, reumatismo en las articulaciones, agrandamiento del lado izquierdo del corazón, fallos cardíacos, congestión de bronquios y pulmones, engrosamiento del cuello, rigidez de cuello y hombros, dolores de espalda, dolores de cabeza, migrañas, mareos, vértigos, pitidos en los oídos, dolor de oídos, sordera, caspa, resfriados frecuentes, sinusitis, alergias, ciertos tipos de asma, tiroidismo, enfermedades oculares, pérdida de visión, hinchazón de mamas, bultos en las mamas, problemas renales, dolores lumbares, hinchazón de piernas y tobillos, escoliosis, trastornos cerebrales, pérdida de memoria, problemas de estómago, inflamación del bazo, irritación del colon, hernias, pólipos en el colon, trastornos genitales, etc.
Cuando esos síntomas o una combinación de ellos persisten durante años es posible que sobrevenga un cáncer. Tras la desintoxicación de sus residuos, el conducto torácico los vacía en la vena subclavia izquierda, en la base del cuello. Esa vena entra en la vena superior cava, la cual llega directa a la parte izquierda del corazón. Además de impedir un drenaje linfático adecuado desde esos diversos órganos del cuerpo, una congestión en la cisterna del quilo y en el conducto torácico hace que los productos tóxicos lleguen al corazón y a las arterias coronarias. Ello fatiga sobremanera al corazón, pudiendo llegar a agrandarlo y provocar arritmias y otras complicaciones. Además, permite que esas toxinas y los agentes causantes de la enfermedad penetren en el sistema circulatorio y se extiendan a otras partes del cuerpo.
Rara es la enfermedad que no se deba a una obstrucción linfática, incluido el cáncer. Así, cuando en nuestra casa la cañería principal de las aguas residuales se atasca, las otras cañerías más pequeñas en las que desaguan los váteres, los lavabos, la ducha y la bañera se atascan también y se produce una inundación. La epidemia de obesidad en Estados Unidos se debe en gran parte (aunque no en última instancia) a la congestión de los sistemas linfáticos que impide la eliminación de los residuos corporales.
El bloqueo linfático, en la mayoría de los casos, se origina a consecuencia de la congestión hepática, de una dieta perjudicial y del estilo de vida. En último extremo, puede resultar de ello un linfoma o cáncer linfático, siendo el más común de ellos el mal de Hodgkin.
Cuando la sangre y la linfa fluyen con normalidad, no hay lugar a dolencias. Los dos tipos de problemas, el mal funcionamiento circulatorio y el linfático, se pueden eliminar totalmente con una serie de limpiezas hepáticas y siguiendo una dieta y un estilo de vida equilibrados.



































